Muchas personas que se someten a una cirugía esperan que, una vez cicatrizada la herida, el problema esté completamente resuelto. Sin embargo, no es raro que meses después aparezcan síntomas como tirantez, rigidez, dolor al moverse o sensación de “tejido pegado”.
En estos casos, es importante entender qué son las adherencias postquirúrgicas y cómo pueden influir en la movilidad y en el dolor persistente.
¿Qué ocurre en el tejido tras una cirugía?
Toda intervención quirúrgica, incluso cuando está perfectamente realizada, implica:
- Incisión en piel.
- Manipulación de planos musculares.
- Alteración del tejido conectivo.
- Proceso inflamatorio controlado.
Durante la fase de cicatrización, el cuerpo genera colágeno para reparar la zona intervenida. Este proceso es necesario, pero no siempre el nuevo tejido se organiza con la misma elasticidad y capacidad de deslizamiento que el tejido original.
Cuando el tejido cicatricial pierde movilidad o se adhiere a estructuras profundas, hablamos de adherencias.
¿Qué son exactamente las adherencias?
Las adherencias son zonas donde el tejido conectivo se vuelve más denso y menos móvil, limitando el deslizamiento natural entre capas anatómicas.
Pueden aparecer:
- Entre músculo y fascia.
- Entre fascia y tejido subcutáneo.
- En planos profundos cercanos a la zona intervenida.
- Incluso a distancia, por compensaciones biomecánicas.
No siempre producen dolor inmediato. En ocasiones, los síntomas aparecen meses después, cuando el cuerpo intenta recuperar actividad normal.
Síntomas frecuentes de adherencias postquirúrgicas
En consulta, las descripciones más habituales son:
- Sensación de tirantez constante.
- Movimiento limitado en determinadas direcciones.
- Dolor al estirarse.
- Sensación de cordones internos.
- Rigidez lumbar tras cirugía de hernia.
- Opresión tras cirugía mamaria.
- Molestias en rodilla pese a buena cicatrización externa.
Es importante diferenciar entre dolor inflamatorio agudo y restricción mecánica crónica. En fases tardías, lo que suele mantenerse es la limitación del tejido.
¿Por qué pueden generar dolor?
La fascia y el tejido conectivo contienen mecanorreceptores y nociceptores. Si una adherencia altera la transmisión de fuerzas o genera tensión anómala, puede estimular estos receptores y mantener una señal dolorosa.
Además, cuando una zona pierde movilidad, el cuerpo compensa en otras regiones. Esto puede provocar:
- Sobrecarga en la zona lumbar tras cirugía abdominal.
- Dolor cervical tras alteraciones torácicas.
- Molestias en cadera tras cirugía de rodilla.
El cuerpo funciona como una unidad integrada.
¿Todas las cirugías pueden generar adherencias?
Cualquier cirugía que implique incisión puede generar cambios fasciales. Son especialmente frecuentes en:
- Cirugía lumbar.
- Intervenciones de rodilla.
- Cirugía abdominal.
- Aumento o reducción de mama.
- Cesáreas.
- Cirugía de hombro.
No significa que siempre generen síntomas, pero cuando hay molestias persistentes, es un factor a considerar.
¿Cómo se valoran las adherencias?
La valoración clínica debe incluir:
- Inspección de la cicatriz.
- Evaluación del deslizamiento cutáneo.
- Palpación profunda de planos fasciales.
- Análisis de movilidad global.
- Estudio de compensaciones posturales.
La simple observación externa de la cicatriz no es suficiente. Muchas adherencias se encuentran en planos profundos.
¿Cómo puede ayudar la Inducción Miofascial?
La Inducción Miofascial es una técnica manual orientada a mejorar la movilidad del tejido conectivo mediante presiones sostenidas y controladas. En Actur Zentro somos expertos en Terapia Miofascial y podemos ayudarte
En el contexto postquirúrgico, el objetivo es:
- Facilitar el deslizamiento entre capas.
- Reducir densidades fasciales.
- Mejorar la elasticidad del tejido cicatricial.
- Disminuir la tensión global.
No se trata de “romper” tejido, sino de estimular una reorganización progresiva del colágeno.
Desde el punto de vista fisiológico, la presión sostenida puede modificar la disposición de fibras y mejorar la adaptabilidad mecánica del tejido.
¿Es doloroso el tratamiento?
En fases crónicas, el tratamiento suele ser bien tolerado. Se utilizan presiones progresivas, adaptadas a la sensibilidad del paciente.
En muchos casos, tras la sesión se experimenta sensación de mayor movilidad y reducción de tirantez.
¿Cuándo es recomendable iniciar tratamiento?
Generalmente, el abordaje fascial se realiza una vez que la fase inflamatoria aguda ha pasado y la cicatriz está cerrada.
Siempre debe existir:
- Alta médica si corresponde.
- Ausencia de complicaciones quirúrgicas.
- Valoración individualizada.
Importancia de tratar la cicatriz aunque sea antigua
Es frecuente que personas operadas hace años presenten molestias persistentes sin relacionarlas con la cirugía.
Sin embargo, una cicatriz antigua puede seguir alterando la biomecánica si no se trabajó adecuadamente el tejido conectivo profundo.
Conclusión
Las adherencias postquirúrgicas son una consecuencia posible del proceso natural de cicatrización. Cuando limitan el movimiento o generan dolor persistente, es necesario abordarlas desde una perspectiva específica.
La Inducción Miofascial representa un enfoque especializado para mejorar la movilidad del tejido conectivo tras cirugía, especialmente en casos donde la recuperación no ha sido completa.
Si tras una intervención sigues notando tirantez o limitación, puede ser conveniente realizar una valoración orientada al sistema fascial.
